Trump anuncia retirada de tropas en semanas mientras Irán amenaza a gigantes tecnológicos de EE.UU.
La presión de Estados Unidos sobre sus aliados europeos para la campaña contra Irán encuentra resistencia directa. Tras las críticas del senador Marco Rubio a España por negar acceso a sus bases, se ha confirmado que Italia también ha rechazado el uso de una base en Sicilia para bombarderos estadounidenses. Este doble rechazo deja a la estrategia militar de Washington con un flanco operativo debilitado en el Mediterráneo, en un momento de máxima tensión.
En respuesta, el presidente Donald Trump ha intensificado su retórica, reprochando a los aliados que no ayuden a desbloquear el estrecho de Ormuz. Su solución es directa: insta a los países que sufren la crisis energética a comprar petróleo a EE.UU. o a ir al propio estrecho y "conseguir su propio crudo". Este llamado, que evoca una acción unilateral y descoordinada, contrasta con la necesidad de una coalición estable que sus propios socios están cuestionando.
Mientras tanto, el conflicto se expande en el norte de Israel. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha anunciado planes para demoler "todas las viviendas" en localidades fronterizas del Líbano, siguiendo el modelo aplicado en Rafah y Beit Hanoun en Gaza. Esta declaración se produce en el marco de una ocupación israelí que, según Katz, ya cubre aproximadamente el 10% del territorio libanés, entre la divisoria y el río Litani. El ministro reiteró que las tropas mantendrán el control de seguridad sobre toda el área, un movimiento que afecta a más de 600.000 residentes del sur del Líbano que han sido desplazados forzosamente, señalando una escalada y una posible reconfiguración permanente de la frontera.