Triple homicidio en Costa Rica expone red de empresario, fútbol amateur y presunto narco
El hallazgo de un vehículo en un precipicio de 50 metros en el Monte del Aguacate desató una de las investigaciones más complejas y reservadas del Organismo de Investigación Judicial (OIJ). En el centro del caso está Andrey Castro Bonilla, un empresario y dirigente deportivo cuyo aparente éxito en Puntarenas ocultaba conexiones con armas de guerra y presuntos vínculos con el narcotráfico.
Castro Bonilla, de 46 años, era una figura prominente en el centro de Puntarenas con una red de negocios que incluía un gimnasio, un lavacar, un restaurante y un outlet. Su influencia se extendía al deporte, donde presidía el club Municipal Puntarenas de la Liga Nacional de Fútbol Aficionado (LINAFA). Bajo su gestión, el equipo amateur mostró una estabilidad financiera inusual para la categoría, un hecho que generó tanto admiración como crecientes sospechas entre sus círculos.
Su muerte violenta, junto a otras dos personas, ha puesto bajo el microscopio del OIJ la convergencia entre el empresariado local, el fútbol de ligas menores y los flujos de capital ilícito. El caso revela cómo las estructuras legales, como los clubes deportivos, pueden ser utilizadas para operaciones de lavado de activos, presionando a las instituciones a investigar los límites entre la filantropía deportiva y el crimen organizado en regiones costeras.