Canarias apuesta por los chips: La ZEC presiona para diversificar la economía más allá del turismo con un impuesto del 4%
En plena temporada alta turística, el principal objetivo de Canarias es que esos datos sean cada vez menos relevantes. La misión recae sobre Pablo Hernández González-Barreda, presidente de la Zona Especial Canaria (ZEC), quien desde 2020 lidera la ofensiva para reducir la dependencia del sector turístico. Su arma principal es un tipo impositivo reducido del 4% en el Impuesto de Sociedades, un cebo fiscal diseñado para atraer inversión hacia sectores estratégicos como la microelectrónica y la tecnología.
La ZEC, organismo creado en el año 2000, se enfrenta al reto de transformar un modelo económico históricamente anclado en el sol y la playa. Hernández insiste en que la fiscalidad favorable, aunque potente, no es suficiente por sí sola. La estrategia requiere atraer empresas de alto valor añadido y generar un ecosistema industrial que compita a nivel internacional, un proceso lento y complejo en un archipiélago alejado de los centros continentales de producción.
La presión por diversificar es máxima. El éxito o fracaso de esta iniciativa no solo define el futuro económico de Canarias, sino que sirve como caso de estudio para otras regiones ultraperiféricas de la UE. El riesgo es claro: si la ZEC no logra catalizar una transformación estructural real, la economía canaria podría quedar atrapada en una vulnerabilidad cíclica, sujeta a los vaivenes del turismo global. La apuesta por los chips simboliza esta carrera contra el reloj para construir una nueva identidad productiva.