ICE deja a seis niños ciudadanos estadounidenses solos en Texas tras arrestar y deportar a sus padres migrantes
En la madrugada del 9 de enero de 2026, agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) irrumpieron en una casa de Donna, Texas, mientras algunos niños dormían. La operación separó a una familia: se llevaron a Julio Orosco y Lucero Garza, migrantes mexicanos que buscaban una vida digna en Estados Unidos. La madre fue deportada a México y el padre permanece detenido. Sus seis hijos, todos ciudadanos estadounidenses por nacimiento, quedaron repentinamente solos y a cargo de su hermana mayor de 22 años.
Andrea García, de 22 años, vio cómo sus planes de independencia y futuro se desvanecieron de la noche a la mañana. Ahora es la responsable de despertar a sus cinco hermanos menores, prepararles el desayuno, llevarlos a la escuela y pagar las cuentas del hogar. La carga recae sobre los hombros de una joven que, hasta hace unos meses, imaginaba su propio departamento y su propia vida. El caso expone una fractura en el sistema: mientras los padres enfrentan procesos de deportación y detención, sus hijos ciudadanos son dejados en un limbo, forzados a una madurez prematura y a asumir responsabilidades de adultos.
El incidente en Donna pone bajo un foco crudo las consecuencias humanas de las políticas de aplicación de la ley migratoria, donde las redadas pueden destrozar núcleos familiares y dejar a menores ciudadanos en una situación de vulnerabilidad extrema. La historia de la familia Orosco-Garza ilustra cómo la deportación de padres puede crear una crisis de custodia y bienestar para los hijos que permanecen en el país, planteando serias preguntas sobre los protocolos de ICE y la protección de los derechos de los niños ciudadanos atrapados en estas circunstancias.