Aldama y Koldo exhiben versiones irreconciliables en el Supremo: pagos en metálico, comisiones y la sombra de la financiación al PSOE
Las declaraciones de Víctor de Aldama y Koldo García ante el Tribunal Supremo esta semana han dejado al descubierto una fractura irreparable entre dos relatos que deberían converger en una misma trama corrupta. Más de ocho horas de interrogatorio por parte de cada uno, en jornadas consecutivas, no sirvieron para aclarar los hechos del caso mascarillas, sino para profundizar la distancia entre lo que ambos aseguran haber vivido, cobrado y organizado.
Aldama dibujó ante el tribunal un flujo continuo de dinero: entregas mensuales de 10.000 euros en efectivo a Koldo García, cantidades adicionales procedentes de adjudicaciones suspectas y, en última instancia, una supuesta financiación encubierta del PSOE vinculada a las contracturas investigadas. Koldo García desmontó ese esquema sin matices, negando la estructura de pagos que el empresario presentaba como prueba de su posición dentro de la causa. La confrontación entre ambos relatos no se limitó a divergencias de matiz, sino que afectó a los elementos esenciales del caso: quién pagaba, quién recibía, y con qué propósito político.
Lo que queda tras estas sesiones es una causa judicial que se complica con el testimonio de sus dos principales protagonistas. La incompatibilidad radical entre ambas versiones plantea interrogantes sobre la fiabilidad de las declaraciones, el alcance real de la red corrupta y la posibilidad de que ninguno de los dos esté revelando la totalidad de lo que sabe. El tribunal deberá ahora dilucidar qué relato se ajusta a los hechos y cuál responde a una estrategia procesal diseñada para minimizar la responsabilidad individual de cada implicado.