Fábricas rusas en San Petersburgo cierran o recortan jornada por crisis de pagos y demanda
La contracción económica en Rusia comienza a materializarse en cierres temporales y recortes de jornada en el corazón industrial de San Petersburgo y la región de Leningrado. Empresas manufactureras clave están paralizando líneas de producción o implementando semanas laborales más cortas, un indicador directo de la presión sobre el tejido industrial ruso más allá de los sectores sancionados.
Entre los casos más significativos está la fábrica de muebles Luzales en Tijvin, anteriormente propiedad de IKEA, que ha detenido completamente su actividad. La dirección atribuye la decisión a una cadena de impagos por productos ya vendidos, lo que ha generado una severa escasez de capital circulante e interrupciones en el suministro de materias primas. En paralelo, el fabricante de excavadoras Iz-Kartex anunció que, a partir del 1 de mayo, implementará una jornada reducida, con solo el 38% de su plantilla trabajando tres días a la semana. La empresa identifica el núcleo del problema: una fuerte caída en la demanda y un aumento preocupante de la deuda de sus clientes.
Estos movimientos no son aislados y apuntan a una dinámica más amplia de estrés financiero que se propaga por la cadena de suministro industrial rusa. La crisis de liquidez, impulsada por impagos y una demanda débil, está forzando ajustes operativos drásticos que afectan directamente al empleo y la producción. La situación revela vulnerabilidades estructurales en la economía regional, donde empresas que sobrevivieron a la salida de multinacionales occidentales ahora enfrentan presiones internas por la contracción del mercado y el deterioro de la solvencia de sus compradores.