Rusia busca a China para salvar su programa lunar tras el fracaso de Luna-25
Rusia, relegada a un papel de espectador en la nueva carrera lunar tras el estrellamiento de su sonda Luna-25, busca ahora a China como socio estratégico para recuperar terreno. El director de Roscosmos, Dmitri Bakánov, admitió ante el Senado ruso que el país depende del proyecto conjunto con Pekín, que agrupa a quince naciones, para mantener su presencia en la exploración lunar. Esta alianza es la respuesta directa al fracaso de agosto de 2023 y a la incapacidad actual de competir con misiones como la estadounidense Artemis II, cuyo lanzamiento se produjo esta madrugada.
El núcleo de esta colaboración es la Estación Internacional Científica Lunar, un proyecto conjunto que ya cuenta con la aprobación del concepto del segmento ruso por parte de la Academia de Ciencias de Rusia. La firma del acuerdo entre Roscosmos y la agencia espacial china en mayo de 2021 sienta las bases de esta cooperación forzada. La declaración de Bakánov subraya una dependencia operativa y una pérdida de autonomía, transformando a Rusia de un competidor histórico a un socio menor en una iniciativa liderada por China.
Esta maniobra no solo busca reducir el retraso tecnológico y de prestigio, sino que también reconfigura el panorama geoespacial, creando un polo alternativo al liderazgo estadounidense. El proyecto federal 'Espacio Científico' de Rusia queda ahora subordinado a la dinámica y los plazos de la cooperación con Pekín. La carrera lunar ha dejado de ser una contienda bilateral para convertirse en un escenario de alianzas forjadas por la necesidad, donde el fracaso propio impulsa la búsqueda de un salvavidas estratégico.