Soldados rusos pagan a sus comandantes por sobrevivir: sobornos por trincheras, alcohol y puestos seguros
En el frente de Ucrania, la supervivencia de los soldados rusos contratados tiene un precio, y son sus propios oficiales quienes lo cobran. Un desertor identificado como Maxim reveló la construcción de un lujoso 'apartamento' subterráneo para un comandante cerca de Baihavka, en la región ocupada de Luhansk. Los soldados no solo proporcionaron la mano de obra gratuita, sino que también pagaron de su bolsillo todos los materiales, electrodomésticos y hasta la pintura. Este búnker con suelos de parqué y acuario es un símbolo extremo de un sistema de extorsión generalizado.
La corrupción se extiende a todos los aspectos de la vida en la línea del frente. Los soldados deben comprar alcohol a sus superiores, quienes organizan hasta 'cuatro fiestas de oficina' a la semana. Otro caso es el de Sergei, quien sobornó a un comandante para conseguir un puesto de cocinero en la retaguardia, un trabajo considerado más seguro. A cambio, trabaja jornadas de 18 horas y paga más de la mitad de su salario por este 'privilegio'. Estas prácticas, confirmadas en entrevistas con una docena de soldados, pintan un cuadro de una estructura de mando que monetiza la seguridad básica y el bienestar de sus tropas.
Este sistema de sobornos institucionalizado socava profundamente la moral y la cohesión de las unidades rusas en Ucrania. Transforma la relación de mando en una transacción depredadora, donde la lealtad y el deber son reemplazados por pagos por protección y puestos menos expuestos. La corrupción a este nivel no es un fallo menor; es una vulnerabilidad operativa que debilita la cadena de mando desde dentro, creando resentimiento y desconfianza entre los rangos en medio de un conflicto activo.