Trump, Netanyahu y Putin: La triple amenaza que baila con la geoeconomía global
La economía mundial observa de nuevo la matrícula del camión que se aproxima, pero esta vez el conductor es una peligrosa combinación de voluntades políticas. La guerra en Irán y el formidable shock energético asociado han puesto el sistema en alerta máxima, aunque pocos expertos tienen claro la magnitud del impacto final. La incertidumbre no radica en identificar la amenaza, sino en calcular las lesiones económicas que generará, las cuales dependen directamente de la duración del conflicto y de la capacidad de bloquear puntos críticos como el estrecho de Ormuz.
El epicentro de la tensión se sitúa en las infraestructuras energéticas del Golfo, cuya vulnerabilidad podría desencadenar una crisis de suministro global. Sin embargo, el factor decisivo y más impredecible es el humor de la pareja Trump-Netanyahu, cuya dinámica política añade una capa de volatilidad extrema a la ecuación. Junto con las acciones de Putin en Ucrania, este trío está reescribiendo las reglas del poder geoeconómico, haciendo que los mercados bailen al son de sus decisiones estratégicas y no de los fundamentos económicos tradicionales.
El paralelismo con la crisis de 2008 y la caída de Lehman Brothers es inevitable en cuanto a la sensación de inevitabilidad ante un evento de gran magnitud. La diferencia clave ahora es que el crash potencial no nace de un colapso financiero interno, sino de choques geopolíticos externos y deliberados. El riesgo ya no es la falta de supervisión de un banco, sino la escalada calculada entre potencias. La geoeconomía global se enfrenta a una prueba de estrés cuyo resultado depende de la contención o la provocación de unos pocos líderes en Washington, Jerusalén y Moscú.