Venezuela inyecta 330 millones de dólares para frenar la devaluación del bolívar y presión hiperinflacionaria
El gobierno venezolano ha desplegado una intervención directa de divisas por 330 millones de dólares desde finales de marzo, en un esfuerzo urgente por contener la caída del bolívar y alejar el fantasma de la hiperinflación. Esta maniobra, suspendida desde diciembre, marca un giro táctico tras el fracaso de las subastas de dólares iniciadas a principios de año, que en lugar de estabilizar, generaron mayor inestabilidad y tensionaron el mercado paralelo. La reactivación de estas ventas directas, lideradas por la vicepresidente Delcy Rodríguez, subraya la presión extrema sobre las autoridades para defender una moneda nacional en crisis permanente.
La operación, sin embargo, opera bajo una lógica de extrema selectividad que deja al descubierto las graves distorsiones del mercado cambiario oficial. Un informe de la consultora Ecoanalítica revela que el Banco Central de Venezuela (BCV) está rechazando aproximadamente el 80% de las solicitudes de divisas sin ofrecer explicación alguna. Este mecanismo crea un escenario donde la oferta oficial de dólares queda concentrada en un puñado reducido de operadores, mientras la gran mayoría de las pequeñas y medianas empresas (pymes) y los ciudadanos comunes quedan excluidos, forzados a recurrir al mercado paralelo.
La estrategia genera un doble riesgo: por un lado, la inyección puntual de liquidez puede ofrecer un respiro temporal al tipo de cambio oficial, pero por otro, al negar el acceso a la gran mayoría de la demanda legítima, alimenta la brecha con el dólar paralelo y socava la credibilidad de la política cambiaria. Esta dinámica perpetúa un ciclo de escasez de divisas, presión inflacionaria y desconfianza, manteniendo a la economía venezolana en un estado de precaria estabilización que depende de intervenciones discrecionales y no de un mercado funcional.